Seguimiento · 12 de marzo de 2025
Tres meses después de la inspección inicial, volvimos a un piso en Huimanguillo para comprobar qué ajustes funcionaron y cuáles quedaron en el camino.
La primera revisión dejó una lista de prioridades: sustituir dos contactores del cuadro eléctrico, sellar las juntas del conducto de aire acondicionado y reorganizar la instalación del termostato. El propietario aceptó los cambios, pero la realidad doméstica impuso su propio ritmo.
Lo más visible fue el termostato. Al principio lo dejamos en modo manual porque la app exigía una red Wi-Fi estable que no existía en esa zona de la casa. Tras mover el router y repetir la configuración, el equipo empezó a registrar horarios reales de uso. El consumo nocturno bajó un 18% en la primera semana, simplemente porque el sistema dejó de calentar una habitación vacía.
El sellado del conducto, en cambio, se retrasó. El material llegó tarde y el instalador solo pudo trabajar un fin de semana. No es un fallo del plan, sino una lección sobre tiempos: las mejoras técnicas dependen de ventanas de disponibilidad, no solo de la urgencia técnica.
El cuadro eléctrico reveló un detalle que no aparecía en los informes: un cable de tierra mal conectado en el circuito de la lavadora. No causaba fallos visibles, pero cualquier derivación habría puesto en riesgo el equipo. Lo corregimos en media hora, con material que ya estaba en la caja de repuestos.
Este tipo de hallazgos confirma que la revisión inicial no es un punto final, sino una base. Las viviendas cambian, los aparatos se sustituyen y las conexiones se aflojan. La siguiente visita está programada para dentro de seis meses, con foco en la bomba de calor y en las juntas de las ventanas del dormitorio principal.
¿Quieres ver cómo empezó todo? Revisa las notas de la sesión de planificación.